Odio a este tipo de gente que siempre pregunta por cierto animal o persona, y sienten que nadie en el mundo los quiere más que ellos, ni siquiera el tipo que se queda cuidándoles, dándoles de comer y limpiando su mierda, mientras ellos están de viaje, de fiesta, o simplemente demasiado ocupados para hacer más de una visita al mes, tal vez al año.
Cuidar a alguien no es todo cariño, hay momentos desagradables en los que te gustaría pegarles, o que se mueran de una vez. La emoción que se va forjando tiene mucho de amor y también de odio. Pero ese amor que surge entre toda esa rabia y esa mierda que has de limpiar de un culo, o recoger de un plato roto en el suelo, es el amor que realmente tiene mérito, el que me abruma. Tal vez sea por pura insistencia, por el apego que uno siente por todo lo que le resulta familiar, incluso aunque quiera perderlo de vista. Ese miedo a perder algo que siempre estuvo ahí, y que tu vida cambie de repente y tú te encuentres totalmente perdido, sea el cambio a mejor o peor. Pero desde luego es más maravilloso amar aquello que odias que amar algo por las buenas risas que te echas de vez en cuando con su parte más amable.
No pido nada a cambio, ni mucho menos herencias o dinero, o que tu perro o gato te preste más atención a tí que a nadie, pues entiendo que las relaciones de amor-odio son complicadas en ambos sentidos. Pero qué mínimo que tener un último recuerdo, que cuando vean la rueda del coche del que ya no pueden escapar, recuerden las caricias y los golpes del tipo que les ponía la comida en el plato, todos los días. Que antes de pasar al otro lado, mires durante un segundo al tipo que esta en segunda fila con cara de llevarlo bien, intentando disimular una lágrima de terrible gravedad, detrás del oportunista que te sujeta la mano a pie de cama con gesto compungido y forzado. Mira por encima del hombro de ese hijodeputa y ama, sólo eso, sólo un segundo, al tipo que limpió la mierda de tu culo.
No importa cuál de los dos te haya traído más felicidad, no digo que lo desprecies. Pero uno de los dos es, y has sido para él, una pequeña parte de la vida, un risa fugaz en una larga tragicomedia, y para el otro, has sido su vida. Usa uno solo de los segundos de la tuya para reconocerlo, no a él, a ti mismo. Ama en tu último segundo al amor más grande de los que hay en esa habitación. Ten al menos esa decencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario