PRÓLOGO
Hace ya unos meses que conocí a
Light y me contó su historia. Encerrado en mi raciocinio, agobiado por la tibia
fragilidad en la que veía envuelto a mi espíritu, entre la oscuridad de mis
pensamientos y la claridad de mis actos, ocultos tras el ya familiar humo verde
y gris, fui capaz de vislumbrar una sombra que al principio se me antojaba
aterradora. Yo no tenía otra cosa en la que pensar que la cotidianidad de mi
rutinaria vida, ni otra cadencia que la de convertir en montaña cada granito de
arena que me encontraba en el camino.
Bajo un inmenso manto de
estrellas, y ante la incesante mirada del conejo guardián de la luna se acercó
a mí, se presentó y me preguntó si podía sentarse a mi lado a conversar. Frente
a mí se encontraba una figura negra, desdibujada y consumida por dios sabe qué
o quién. Sus ojos eran totalmente blancos, igual que la raída pajarita que
cubría el desnudo y raquítico palillo que tenía por cuello, el cual amenazaba
con romperse a cada paso que daba. Atónito ante tal suceso, dudé un instante y
pasados unos largos segundos sólo pude asentir con la cabeza en invitarle con
la mano a tomar asiento.
Durante quince minutos, más o
menos, ninguno de los dos articuló palabra. Únicamente permanecimos tumbados
admirando la inmensidad del cielo negro, aunque yo le miraba de reojo de vez en
cuando porque me seguía sintiendo inseguro con ese extraño ser a mi lado, más
parecido a un boceto de Tim Burton que a un ser humano. De repente, mis ojos se
abrieron como platos al ver que de aquellas esferas blancas que tenía por
globos oculares brotaba una lágrima. Y más impresionado me quedé cuando vi que
ésta no caía, sino que se desprendía de su esquelético rostro y comenzaba un
vertiginoso ascenso hacia el cielo. Yo intenté seguir su recorrido hasta que
mis ojos la perdieron de vista. Miré a Light, volví a mirar al cielo y
nuevamente a él. Vi cómo se erguía hasta sentarse con las piernas en flor de
loto, sin perder el contacto con la tierra. Yo quise hacer lo mismo pero mis
pies eran más rebeldes que los suyos así que opté simplemente por estar cómodo.
Cara a cara, Light sabía que yo esperaba una explicación de lo que había
ocurrido. Y entonces decidió contármelo todo.
EL COMIENZO
Indecisiones, dudas, miedos, fracasos, dolor… en fin, estos
son solo algunos de los fantasmas que han perseguido a Light a lo largo de toda
su vida. Nunca le enseñaron que a veces tomar una decisión equivocada es mejor
que no tomar ninguna, y que a la hora de tomar esa decisión, no hay que esperar
que le parezca bien a todo el mundo; no hay que esperar que le parezca bien a
nadie, salvo a uno mismo.
Se podría decir que Light siempre había vivido conforme a un
plan establecido para él. Un plan escrito desde el miedo, que nunca le había
dejado ser libre.
Desde muy pequeño, cada vez que hacía algo miraba a los que
tenía a su alrededor, buscando una aprobación, que muy pocas veces llegaría.
Por algún motivo sus capacidades sensoriales y sensitivas
eran más notables en nuestro amigo que cualquier otra cosa, pero nunca nadie le
dijo que eso fuera una virtud. Nunca nadie le dijo que eso fuera nada. Los
ideales bohemios de belleza, verdad, libertad y amor, unidos al de lealtad,
valor que ha abanderado la existencia de Light, iban llenando su espíritu sin
que nadie le hubiera dicho que tuvieran que hacerlo. Pero de eso él aún no se
había dado cuenta. Era tan sensible que era capaz de percibir todas las
emociones que levitaban en derredor. Llegó el momento, entonces, de que Light
decidiera hacerlas suyas. Uno de los mayores errores de su vida. Pero cómo lo
iba a saber, él sólo era un niño que quería ayudar a los demás a ser felices,
nada más. No se daba cuenta de que la gente no quiere ser ayudada. Sólo quieren
que les escuches, pero sin darles soluciones, porque entonces tendrán que
decidir recorrer ese camino para poner fin sus problemas, y a veces es más
fácil asumir un sufrimiento, que hacer lo posible por cambiar las cosas. A la
gente le desagrada que le ayudes.
A medida que iba creciendo, mayor era la distancia que había
entre él y el resto del entorno. Con el paso de los años, Light se iba dando
cuenta de que el mundo en el que vivía no era, ni de lejos, el mundo en el que
quería vivir.
Pasaron los años y todo lo que le habían dicho que debía
conseguir para ser feliz, lo tenía. Y aun así, la ecuación no estaba resuelta,
ya que lo que él sentía, no era felicidad, sino la satisfacción del trabajo
bien hecho, fuera cual fuera la empresa en la que se embarcara.
A estas alturas Light ya había adquirido ciertas habilidades
que, aunque no habían llamado la atención de nadie años atrás, en ese momento
sí lo hacían, y provocaban la admiración de todo aquel que tenía la oportunidad
de verlas, ya que Light no era muy proclive a mostrarlas. Por primera vez, se
estaba dando cuenta de todas las cosas en las que era bueno. En ese momento
nació uno de los más grandes poderes de Light, pero también su mayor debilidad,
aunque él no lo sabía: La confianza en sí mismo.
Decidió así emprender un viaje espiritual que aún hoy le
costaba definir, así que intentó explicármelo con todo lujo de detalles.
EL CHAMÁN
Árboles tan altos que se fusionaban en el horizonte de sus
ojos, ramas tan fuertes que parecían inamovibles, hojas tan verdes que podía saborear
su clorofila, ríos tan largos que parecían no tener fin, manglares tan grandes
que provocaban respeto con sólo observarlos. Y la selva. Peligrosa de día y
aterradora de noche, fue el hábitat de Light durante su viaje. Estas son sólo
algunas de las cosas por las que Light se vio rodeado hasta que le encontró. Nunca
había visto a nadie parecido. No supo en un principio si se trataba de un loco,
un brujo, un guerrero, o dios sabe qué. Se acercó a él. Hacía semanas que no
mediaba palabra con nadie y era la primera persona a la que veía desde
entonces. De repente, el individuo agarró a Light del cuello y con una rapidez
pasmosa deslizó suavemente su puñal por la boca de mi nuevo amigo. No ha sido
capaz de describirme el pavor que sintió en aquel momento pero sí reconoció que
nunca había experimentado nada similar. Realmente pensaba que había llegado su
hora. Los segundos que pasaron le parecieron interminables, pero finalmente el
desconocido, dejando por fin de mirarle fijamente a los ojos, se acercó a él
hasta estar casi pegado y le susurró con una voz ronca y desgastada: “Light”. Apartó su cuchillo y dio unos
pasos hacia atrás. Se dio media vuelta y comenzó a caminar. Light no sabía qué
hacer. ¿Cómo explicar lo que había pasado? Ese hombre tenía que tener algún
significado en su vida, si no, ¿por qué el universo se lo había presentado en
aquellas circunstancias?
No se lo pensó dos veces y comenzó a seguirle. Nada
perturbaba el caminar decidido de aquel extraño, tampoco el de Light, que lo
perseguía, curioso y ansioso por conocerle, a sabiendas de que el riesgo de
muerte era casi total. Llegaron a un claro donde se podía respirar un poco
mejor y donde había una solitaria cabaña de madera y un altar tallado a mano en
medio del claro, rodeado por piedras blancas cuidadosamente colocadas en
derredor. Light se asustó pero el hombre, justo antes de poner un pie en la
cabaña, le dedicó una mirada amigable, que indicaba inequívocamente que le
estaba invitando a entrar. Así lo hizo y se encontró con un sinfín de símbolos,
figuras, colgantes, piedras, hierbas, líquidos, polvos y recipientes de los que
jamás había oído hablar. Descubrió entonces que se encontraba delante de un
chamán, y su miedo a lo desconocido fue aún mayor. Ya no se acordaba de aquella
persona que, por su confianza, era capaz de todo. Ya no se acordaba del
propósito de su viaje. Simplemente estaba allí, en aquel momento concreto,
respirando cada soplo de aire, aprovechando cada instante de vida, haciendo del
aquí y el ahora un todo, dejándose llevar por sus instintos, por su corazón, y
no por su cerebro. La razón era inexistente en aquel lugar.
Con un ademán el chamán indicó a Light que se sentara a una
mesa de madera vieja, carcomida y húmeda. Así lo hizo, se sentó en una silla
desvencijada que parecía poder desplomarse en el mismo momento en el que una mosca
se dispusiera a descansar sobre ella. El hombre se sentó frente a él, volvió a
mirarle fijamente a los ojos y permaneció así unos minutos. Light, que no
apartaba para no faltarle al respeto, se sentía cada vez más cómodo y relajado,
pese a la intimidatoria figura de su compañero de mesa. Poco a poco, fue
sintiendo que sus músculos dejaban de estar en tensión y le parecía haberse
convertido en arena. Liviano, tranquilo, libre. Entonces comenzó a ser
consciente de todo lo que había a su alrededor, y de lo que en realidad estaba
haciendo. Y no le dio importancia a nada más. En ese momento, no existía nada
fuera de la cabaña, no existía un tiempo que no fuese aquel. Entonces el chamán
se levantó y comenzó a preparar un extraño brebaje en el que se mezclaban
hierbas, polvos y líquidos de todos los colores y olores. Utilizando una tela
porosa como filtro, lo vertió en un cuenco de madera y se lo acercó a Light.
Nuevamente mostraba una mirada amable, que contrastaba mucho con la curtida
cara de aquel hombre. Light acercó sus manos al cuenco, lo cogió con mimo, lo
sostuvo unos instantes haciéndolo girar entre sus manos y se lo llevó a la
boca. Bebió todo el contenido de un trago y volvió a dejar el cuenco sobre la
mesa, que crujió como si fuera a venirse abajo. Lo que sucedió entonces fue
realmente revelador.
LA TRAVESÍA
Light se encontró rodeado de niebla en una inmensa oscuridad
donde sólo estaban el chamán, de pie, y él, tumbado. Se levantó e intentó tocar a su compañero de
viaje pero sólo era un espectro, una imagen translúcida que podía ser
atravesada con total facilidad. Pero le llamó la atención una significativa
diferencia en el aspecto del chamán, y es que se había convertido en una figura
joven, esbelta y totalmente recta, mientras que él, aún no era consciente de su
aspecto en aquella realidad. Comenzaron
a caminar por la escena y Light dedujo que la versión joven del chamán era su
guía en aquella experiencia, en aquel viaje. Sólo un camino adoquinado y gris
se presentaba ante ellos, el resto era oscuridad. A media que avanzaban metros
en aquel extraño entorno, comenzaron a vislumbrarse escenas que a Light le
parecían familiares. Lo oscuridad servía como telón para proyectarlas y él no
se perdía ni una sola imagen de las que allí aparecían. Parecía una película de
su vida, de su pasado. El chamán le acercaba a las cosas bellas y le alejaba de
las que no lo eran, pero nunca le permitía detenerse a admirar o a temer
ninguna de ellas. Solamente seguían caminando. Sin mirar atrás. Las imágenes de
momentos pasados comenzaron a desvanecerse, dejando paso a un gran espejo donde
por fin pudo verse reflejado. Era exactamente igual a la figura de sí mismo que
conocía, pero sus ojos se habían vuelto totalmente blancos, sin mácula. Intentó
apartar el espejo pero éste se volvió viscoso, casi líquido, y rodeó a Light
hasta introducirse enteramente en sus ojos, que ahora ofrecían una
transparencia cristalina. Siguieron caminando y luces de colores comenzaron a
invadir el oscuro paisaje, reflejándose todas y cada una de ellas en los ojos
de Light. Centrado en tales maravillas, casi había olvidado que su guía seguía
con él. Éste se detuvo, se dio la vuelta y señaló al principio del camino:
-Ya sabes dónde acaba, ya lo conoces, ya sabes a
lo que te lleva. ¿Quieres que vayamos hacia allí?
Light dudó unos instantes, pero al fin y al cabo, nadie
sabía qué había en ese camino cuando lo empezó. Y vio cosas buenas y otras
malas, a su juicio. Había tenido tiempo para observar todo lo que había hecho,
todo lo que le agradaba y le molestaba. Tuvo tiempo para observarse a sí mismo.
Para hacerse consciente de todo. Pero también había visto algo que no conocía,
y no lo había juzgado. No supo decir si todos aquellos procesos fueron los que
le habían otorgado unos ojos transparentes, incapaces de juzgar si las
cegadoras luces, eran buenos o malos. Sólo sabía que estaba allí, viviéndolo,
sintiéndolo, él lo sentía real.
-No, sigamos.
El chamán le miró, esbozando una sonrisa de satisfacción. Le
cogió del brazo y siguió andando. Esta vez
sí notó el tacto de su guía. La aventura estaba tocando su fin. El resto
del camino duró tan sólo unos segundos, el tiempo que tardó Light en volver a
la realidad de la cabaña de madera. La niebla se disipaba y sus ojos volvían a
la normalidad. El chamán le soltó el brazo y se sentó de nuevo frente a él, lo
miró unos instantes, se levantó yendo hacia la puerta, la abrió y dando la
espalda a mi nuevo amigo le invitó a marcharse. Light, empapado en sudor, salió
de la cabaña. Ya no quiso entender lo que había pasado ni por qué. Simplemente
había ocurrido. Aquel hombre le había enseñado lo inmenso y variopinto que
podía ser su universo. Sólo él decidiría qué cabía en su vida y qué no. Jamás
volvería a recorrer el camino que otros querían para él. Ahora, sentía una
conexión con el universo como nunca la había sentido, y todas sus capacidades
sensoriales adquirieron un nuevo sentido. Comprendió el verde de las hojas, la
dureza de las ramas y la frondosidad de la selva, así como la necesidad de su
oscuridad. Su sensación era de éxtasis y no quería que se acabase ese momento.
Pero como había aprendido durante su viaje, no debía aferrarse a las nubes que
pasaban por su cielo, a ninguna. Sólo vivirlas y observarlas. Ser consciente de
cuanto le rodeaba. Ser consciente de todo. Ahora, era libre. Su mochila estaba
llena de experiencias, pero había llegado a tal estado de felicidad por unos
instantes, que sabía exactamente lo que tenía que hacer, así que vació su
mochila antes de volver, pues si no lo hacía, si no dejaba atrás todas esas
cosas maravillosas que había vivido, jamás podría llenarla de otras cosas
increíbles en el futuro. Y eso no podía ser, pues el Light que volvía, no era
ni parecido al que se había ido. En su mirada había entereza, decisión y
fuerza; tres cosas de las que carecía cuando emprendió su viaje.
DE VUELTA A
LA REALIDAD
Light, se dio cuenta entonces de que esa etapa había
terminado. Y debía volver a decidir por dónde continuar caminando. De ese
momento ya no habría nada que no pudiera conseguir. O eso pensaba él.
Y entonces la vio. En uno de sus viajes mentales percibió su
presencia en el mundo y la vio. Era el ser más hermoso que jamás había
visto. Supo que su camino era ese. Había
descubierto un tesoro y estaba dispuesto a alcanzarlo. Y se olvidó de la regla
de oro: “Disfruta de la obra, no del fruto de la obra” (Alejandro Jodorowsky).
Desde aquel momento su vida se centró en conseguir estar con ella, y realmente
alguna conexión del universo quiso que se conocieran. Inventó a dos figuras y
quiso ponerlas cerca para que se encontraran en el camino. Y la experiencia
ciertamente fue increíble, irrepetible. Pero al olvidar la regla de oro dejó de
disfrutar de algunos momentos, dejó de valorar algunos detalles, y aquello se
convirtió en algo peligroso, dañino unas veces, y vano otras. Y fue entonces
cuando intentó refugiarse en la jaula de donde nunca creyó que tenía que haber
salido. Ya no aguantaba más. Su estrella se había ido y su luz se estaba
apagando. Cómo avanzar, cuando todos los valores en los que creía se estaban
desangrando. Ya ni podía ni quería
brillar más. El miedo le decía que podían volver a apagar su luz.
Y cando pensaba que ya nadie vendría a ayudarle, cuando se
encontraba en lo más profundo de su pozo, sin querer mirar hacia arriba porque
la luz le molestaba; el espíritu del chamán voló hacia Líght, se metió de nuevo
en su mente y le recordó lo que había aprendido con él. Todos podemos elegir
cómo enfrentarnos ante una situación, con miedo, o con entusiasmo. El camino
que llevaba hasta el pozo ya lo conocía, ya sabía dónde acababa. Y no le gustaba.
Entonces volvió a ver a la estrella que en su día le acompaño. No en el mismo
estado, pero sí con el mismo espíritu. Podía sentir de nuevo su presencia. Y
fue entonces cuando también él experimentó un cambio radical, casi como una
metamorfosis.
METAMORFOSIS
Todo el proceso comenzó con una lágrima que ascendía hacia
el cielo. Y yo lo presencié. La gota regresó a su dueño, que perdió el blanco
de los ojos y éstos se quedaron transparentes. Exactamente igual que en su
viaje con el chamán, sus ojos estaban dispuestos a ver todo lo que la vida le
ofrecía. Y decidió vivir cada segundo como si fuera el último. Siendo consciente
de todo una vez más. Volvió a saborear cada sorbo de aire, cada pequeña acción,
cada detalle, por nimio que pudiera parecer. La transformación se había
completado también en esa realidad. Había estado cubierto de sombras, y después
había decidido aprovechar los pequeños claros que le regalaba el universo para
conseguir llegar a la luz. Había alcanzado nuevamente el éxtasis. Light, había
despertado.
RENACIMIENTO
De repente la vio. Nuevamente la vio. Con otra forma, con
otro cuerpo, pero el mismo espíritu. Allá arriba, en el cielo negro, su
compañera existía de nuevo para él. La estrella que le había acompañado y a la
que había creído perder estaba ahí, mirándole. Y decidió saborear todo aquel momento er que su estrella se acercara a verle. Y entonces Light volvió a brillar.
Su cuerpo empezó a volver a la normalidad. El haz de luz que
tenía delante de mí se apagaba dejando paso a la figura de un ser humano.
-Gracias por haberme escuchado, amigo. Me has
ayudado mucho.
Yo le contesté con una mueca, expresando mi agradecimiento y
respeto por haberme contado su historia. Ha sido apasionante, nunca la
olvidaré. Light ha sido una compañía muy interesante. Espero volver a verle
algún día.