Vivimos anclados en un cinismo
impresionante, más grande que todos los océanos del mundo (Julio Anguita).
Estoy cansado. Cansado de la gente que se dedica a ir por la
vida aparentando ser quien no es; de la gente que se empeña en camuflar su
cotidianidad y rutina bajo un inmenso telón de secretos y misterios que sólo ellos
creen poder resolver. Cansado de toda esa mierda del quiero y no puedo que me
intentan hacer tragar cada día. Cansado de las falsedades, de mentiras, de los
trucos y triquiñuelas que veo a cada paso que doy. De todos aquellos que creen
que van un paso por delante de los demás, cuando en realidad van dos por
detrás. Cansado de los que piensan una cosa, dicen otra, y hacen otra. De todos
aquellos que creen que todo lo que tienen lo han conseguido sin ayuda, que no
le deben nada a nadie. Estoy harto de todos lo que ansían conocer gente y ni
siquiera se preocupan por conocerse a sí mismos. Estoy cansado, harto, saturado
de toda la basura que tengo que escuchar cada día mientras me muevo por estas
calles repletas de vidas tan vacías que se creen tan llenas. Me siento inmóvil
al ver a través de la lluvia que brota de mis ojos que la gente acepte mejor un
“estoy jodido, pero tirando” que un “estoy contento, soy feliz”. Me abruma la
idea de que el sistema de seguridad de nuestro cerebro elija lo malo conocido, en
vez de lo bueno por conocer, y así, no nos deje evolucionar hacia un estado de
felicidad mayor que el que las reglas, estándares y estereotipos de este
podrido mundo nos deja conocer, y por los cuales se supone que debemos de dar
las gracias. Me compadezco de todo aquel que tome lo que ven sus ojos como
verdad absoluta, sin ser consciente de nada. Me río de los que ven su éxito en
el fracaso de los demás. Y yo, sólo espero poder seguir teniendo tiempo, tiempo
para los míos; para los que quiero y para aquellos que me quieren. Tiempo para
sentir la calma que reina en mi alma por las noches, justo antes de cerrar los
ojos por completo. Tiempo para intentar ser mejor persona cada día. Tiempo para
corregir errores. Tiempo para poder seguir apreciando todos esos detalles que
se nos quieren regalar, y que la mayoría se esfuerzan en no ver, obnubilados
por la gran mentira de sus manipuladas mentes: creer que sí lo hacen.
Creo firmemente en la idea de que no tengo que ser la
persona que otros quieren que sea, ni dar ningún tipo de imagen que ni tengo ni
quiero tener, simplemente porque esté bien vista por los que me dedican una
sonrisa falsa mientras me miran de soslayo. No quiero impresionar a nadie, ni
decepcionar a los que confían en mí. Por eso no puedo hacer otra cosa que
enseñarles quién soy cuando hablan conmigo. Simplemente soy yo mismo, sin
caretas innecesarias, sin filtros de instagram para parecer mejor de lo que
soy. Con mis virtudes y mis defectos (que intento corregir). Las personas que
me miren a los ojos, simplemente verán a Samuel San Juan, nada más.
Disculpad, si esperabais otra cosa.
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