Me encuentro sentado. En contacto
con la tierra. Nuevamente rodeado de un entorno neblinoso que no me permite ver
más allá de lo que tengo justo delante de mis narices. No sé si mi cerebro no
me deja observar todo lo que debería o me está obligando a centrarme en aquello
que tengo que observar. De todas formas me olvido de esa sensación e intento aprovechar
el momento para visualizar lo que se me ofrece en este instante. Es extraño el
personaje que tengo delante de mí. No me gusta. Es una versión demacrada de mí
mismo, llena de odio y deseos de venganza. Vestido con un traje oscuro, camisa
blanca y una corbata verde, me mira, muy recto. No aparta su mirada de mí y su
gesto es de total desprecio. Claramente su expresión es la de alguien que me
aborrece por no seguir los pasos que él establece para mí. Creo que lleva
tiempo intentándolo pero se está dando cuenta de que ya no le quiero seguir. Y por eso deja que lo
vea. Quiere advertirme, amenazarme, meterme miedo en el cuerpo. Desea que todos
sus sentimientos, prejuicios y odio se introduzcan dentro de mí nuevamente y
pueda manejarme a su antojo. Un aura verde comienza a rodear a este ser y sus
ojos se tornan cada vez más rojos. Su cara se vuelve gris, casi llega a
mimetizarse con el traje. Abre la boca y sólo veo que de ella sale un humo
negro que llega a asustarme incluso más de lo que había hecho su metamorfosis
hasta el momento. Pero lo único que yo hago es decirle que ya se puede ir, que
no quiero seguir con él a mi espalda, que lo que él me ofrece ya no lo quiero,
ya no lo necesito. Ya no me hace falta su protección. Ahora soy más fuerte. El
humo que sale de su boca termina por rodearle y mientras vuelvo a la realidad
contemplo cómo se disipa entre la nada. Pero en el último instante, justo antes de regresar a mi
estado de consciencia habitual, veo cómo el humo persigue mi boca y mi nariz, y
las invade por momentos. Despierto y todavía siento el sabor a hierro y azufre en mi
paladar. No he conseguido dejar atrás al hombre del traje, pero creo que sí lo
he conseguido domar en gran medida. Puede que cuando lo vuelva a ver me mire de
otra manera. Puede que en nuestro reencuentro, mantengamos una conversación.
Quizá no deba apartarlo de mí, sino agradecerle los servicios prestados y
decirle que a partir de ahora ya no va a tener tanto protagonismo. Quién sabe,
ya lo decidiré cuando llegue el momento. Hasta entonces, no merece la pena
preocuparse. Hasta la próxima, hombre del traje. Hasta el próximo cigarro.
Bienvenidos. No sabemos si escribimos para uno, ninguno o cientos. Pero en este momento no nos preocupa. Lo único que queremos es compartir historias que pueden ser, he aquí lo más interesante, ciertas en su totalidad, parcialmente o imaginarias al cien por cien. Eso lo dejamos a tu elección. Sólo tú decides con qué parte te quedas. Sólo tú puedes descubrir entre estas líneas, herramientas que te ayuden, te diviertan o simplemente que hagan que nos odies. Todo, absolutamente todo, lo decides tú.
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